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  • Julia Laberinto

Preludio

La naturaleza es simple. O, a veces, para los hombres la verdad implica la lejanía y la ignorancia.

Thoreau escribe "Como si pudiera matar el tiempo sin dañar la eternidad". Suponiendo que el tiempo existe y no es una invención humana, un producto de la mirada deficiente de una especie obsesionada con su propio pulso.

El sonido del reloj es terrorífico.

Un cadáver es traumático pero el cadáver que nos llevamos a los labios y comemos es exprimir cada segundo, experimentar cada posibilidad bajo la óptica de nuestro propio criterio

único

individual.

No podemos mirar el cuerpo entre las hojas, que rebosa otoño, en la mañana neblinosa en el bosque que desconocemos. Porque las hojas y los cuerpos nos recuerdan que matamos el tiempo. Ignoramos la decisión que nos apremia.

Evitamos la simpleza de la mirada de los ojos del ciervo.

Ellos miran la bala.

Nosotros cerramos los ojos

y nos los comemos.


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