• Julia Laberinto

El Arte de Amar

[...] la necesidad de superar su "separatidad", de abandonar la prisión de su soledad. El fracaso absoluto en el logro de tal finalidad significa la locura, porque el pánico del aislamiento total solo puede vencerse por medio de un retraimiento tan radical del mundo exterior que el sentimiento de separación se desvanece.

Esta semana he decidido leer "El Arte de Amar" del psicoanalista alemán Erich Fromm. Hace años que estoy obsesionada con el podcast de filosofía de Stephen West: Philosophize this. Cada episodio te sumerge en el pensamiento de un autor de una manera amena y dinámica; desde la Antigüedad grecolatina hasta las escuelas de pensamiento contemporáneas, he escuchado religiosamente todos los episodios -creo que le debo mucho a este hombre y recomiendo el podcast a todo el mundo-. Cuando salió el episodio sobre Fromm lo escuché una vez y me quedé fascinada, después lo he vuelto a escuchar dos veces más y se lo he mandado a aproximadamente la mitad de mi lista de contactos. Sentía que necesitaba profundizar en el tema, de modo que me leí el libro. Por supuesto, adjunto el podcast también a esta entrada del blog.

Puedes escuchar el podcast de Philosophize this sobre Erich Fromm AQUÍ.

¿Trátase del amor como solución madura al problema de la existencia, o nos referimos a esas formas inmaduras de amar que podríamos llamar unión simbiótica?

Para Fromm, el problema fundamental de la existencia humana es nuestra "separatidad", o la conciencia de que somos seres individuales, aislados los unos de los otros y que, en última instancia, estamos solos.


De ahí que estar separado signifique estar desvalido, ser incapaz de aferrar el mundo -las cosas y las personas- activamente; significa que el mundo puede invadirme sin que yo pueda reaccionar.

El amor real sería la única forma de superar esa soledad. En el libro se contraponen dos visiones diferentes sobre el amor: una especie de unión simbiótica frente al llamado amor maduro. En la unión simbiótica, dos personas pertenecientes a una categoría similar del "mercado de la personalidad" se juntan para llevar a cabo un intercambio, desarrollan una relación basada en el beneficio mutuo. De manera análoga al mercado liberal, cada una de las partes posee unas características equivalentes para "vender" (un determinado aspecto físico, nivel académico, aficiones...) y ambas partes se alimentan de las características del otro de manera insaciable hasta agotarlas, momento en el que el amor se acaba.

El amor maduro, sin embargo, se define como un proceso activo de responsabilidad y consciencia. La capacidad de amar presupone que la persona ha superado tanto la dependencia como la necesidad de explotar a los demás. Implica trabajo y la capacidad de hacer crecer aquello que se ama.


En el amor se da la paradoja de dos seres que se convierten en uno y, no obstante, siguen siendo dos.

Fromm entiende el amor real como una actividad, no como un afecto pasivo capaz de apresarnos y liberarnos de manera errática. De este modo, al ser la capacidad de amar un poder del alma, depende en mayor medida del ejercicio que del objeto amado.

El amor infantil sigue el principio: "Amo porque me aman." El amor maduro obedece al principio: "Me aman porque amo." El amor inmaduro dice: "Te amo porque te necesito." El amor maduro dice: "Te necesito porque te amo."

Sin embargo, para amar a otra persona es necesario ser capaz de "producir amor" para todo el mundo, proyectar esa actividad sobre los demás; y eso incluye amarse a uno mismo. Esto es debido a que, una falta de autocuidado es un síntoma de la falta de productividad, de vacío y de frustración y, por tanto, de una incapacidad global para amar.


El amor erótico, si es amor, tiene una premisa. Amar desde la esencia del ser -y vivenciar a la otra persona en la esencia de su ser-.

El arte de amar, como otras clases de arte, se alimenta de la disciplina, la concentración y la paciencia; pero también de la superación del propio narcisismo, de la fe y del coraje.


En general, las propuestas en positivo sobre el amor me asombran. Siento que son arriesgadas porque acotan una serie de posibilidades, ponen límites. Pretenden ordenar uno de los fenómenos más íntimos, subjetivos y caóticos. A veces pienso que hablar de lo que no debería ser el amor podría ser más sencillo que hablar de lo que realmente significa amar.


Sin embargo, creo que he aprendido algunas lecciones de esta lectura. Las personas no somos impermeables a nuestro modo de vida y a la lógica que impulsa nuestra productividad. Me parece inquietante que las dinámicas del sistema puedan corromper de manera inadvertida la forma en la que nos enamoramos. Es posible que, arrastrados hacia el vacío voraz de la soledad y el individualismo, busquemos en nuestras parejas llenar y validar nuestras carencias. Que agotemos esa fuente de frágil intimidad y nos dirijamos después de un tiempo a encontrar -consumir- un "nuevo amor" -porque este será distinto de los anteriores, será el verdadero-; sin habernos reconocido antes a nosotros mismos y comprendido nuestros abismos.


Nuestra civilización ofrece muchos paliativos que ayudan a la gente a ignorar conscientemente esa soledad: en primer término, la estricta rutina de trabajo burocratizado y mecánico, que ayuda a la gente a no tomar conciencia de sus deseos humanos más fundamentales, del anhelo de trascendencia y unidad. En la medida en que la rutina sola no basta para lograr ese fin, el hombre se sobrepone a su desesperación inconsciente por medio de la rutina de la diversión, la consumición pasiva de sonidos y visiones que ofrece la industria del entretenimiento; y, además, por medio de la satisfacción de comprar siempre cosas nuevas y cambiarlas inmediatamente por otras.






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