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  • Julia Laberinto

25- VIII-2018

La náusea ocurre cuando, al pensar demasiado en la identidad de algo, esta desaparece ante nuestros ojos dejando un absurdo vacío. La esencia de todas las cosas puede volatilizarse, enrarecido el vínculo con el entorno hostil de nuestro pensamiento. A veces, la náusea despierta conmigo. La carencia radical de significado, el no ser.

El concepto de pareja, el de familia, el de pueblo, el de ciudad, el de país, el de universo; la pertenencia resulta tan ridícula que provoca la contracción desesperada del estómago. La sangre como vínculo, la amistad o el amor se diluyen bajo el peso de un parpadeo insignificante.

La búsqueda de sentido es, en los días de la náusea, la persecución de una bocanada de humo a cielo abierto.

Yo no he inventado la náusea. Es la náusea la que me busca para arrojarme a su silencio sin propósito, al ostracismo de la falta de significado.

Algunos días, yo soy la náusea. Y el mundo despierta ante mí, vacío.


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